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lunes, 4 de diciembre de 2017

San Antonio llega al Museo

¡Viva San Antonio! Un nuevo santo en el Museo Etnográfico de Terque
Hoy hemos recibido una magnifica donación de Mercedes Salmerón Ruiz de Terque. Una pequeña ermita de San Antonio, que durante años, pasó por las casas de Terque. ¡Muchas gracias Mercedes, por este tesoro.!
La conservaba su tia Emilia Ruiz, aquí la vemos hace años, con ella en su casa, donde la conservó. Esta capilla de visita domiciliaria, la compró ella misma, y en su reverso aún podemos ver los restos del papel con el listado de nombres de las mujeres que la recibían en su casa.



Esta costumbre de religiosidad popular, el culto a los santos y vírgenes a través de las pequeñas ermitas que se llevan de casa en casa, estaba muy extendida por buena parte de España, y aún se conserva en los pequeños núcleos rurales, Esta tradición ha ido decayendo hasta desaparecer en muchos de ellos, aunque no en los valles del Andarax o Nacimiento, donde todavía en las últimas décadas se han seguido poniendo nuevas ermitas en circulación.
Las capillas están hechas de madera con una ventana de cristal que se protege en ocasiones con unas puertas, llevando en su parte superior un asa que facilita su traslado. En la parte inferior también suelen llevar, como esta de Terque, un cajón con una ranura para echar un donativo. En la parte de atrás o en una puerta, va pegada la lista de las personas cuyas casas son visitadas, también es frecuente encontrar alguna oración dedicada al santo o virgen. El objetivo fundamental de las ermitas es que la gente rece por el santo y así conseguir el bien que hace la imagen en las casas donde es acogida. Antes de iniciar su peregrinaje por las casas eran bendecidas por el sacerdote del pueblo.
El modo de proceder es muy sencillo. Para cada ermita hay, más o menos, 30 personas, mayoritariamente mujeres, tantas como días tiene el mes, que se comprometen a acoger al santo. La costumbre general es que la imagen permanezca en la casa una noche hasta la tarde del día siguiente. Después se traslada hasta la casa de la vecina que sigue en la lista. En cada ermita suele haber una persona responsable que a veces fue la encargada de comprar el santo o de organizar su adquisición entre varios vecinos. Se solía hacer entre vecinos de la misma calle para que fuera más fácil su traslado. Cuando una persona de la lista muere su puesto suele ocuparlo otro familiar o vecino. La veneración al santo incluía en ocasiones la realización de novenas.
Cuando la imagen llegaba a la casa se le hacía el recibimiento, se colocaba sobre una mesa o un aparador, se le ponía una taza con aceite y mariposas encendidas o velas y se juntaba a toda la familia para rezarle. Al llegar la tarde se le hacía la despedida, volviendo a rezar. En la actualidad, algunas de estas ermitas llevan incorporada una lamparilla eléctrica. Las imágenes que se conservan en la zona son todas de escayola y, en su inmensa mayoría, fabricadas en el siglo XX en las fábricas de Olot (Gerona).
La aplicación de los donativos que se recogen también es variado. Mª Ángeles Moreno, de Cánjayar, cuanta cómo cuando se muere una de las personas que reciben el santo se le dedica una misa con el dinero que se ha ido recogiendo en el cajón de la capilla. Mari Nieves Cortés Arcos, de Alhama, recordaba cómo con el dinero de la Milagrosa de Alhama se compran cosas para el arreglo de la iglesia o flores para la imagen de esta misma advocación que se encuentra en la parroquia. Las motivaciones que han dado origen a algunas de ellas es muy diverso. En muchos de los casos viene a reforzar, difundir y acercar la devoción que se le tiene a una virgen o santo patrono del lugar. En otras, son cuestiones de fe o de agradecimiento iniciadas por particulares o grupos que deciden comenzar con el culto.
Alfredo Martín, de Padules, nos cuenta la extraordinaria historia que dio origen al culto a la ermita de la Sagrada Familia en su pueblo. En 1919, unas veinte familias de Padules iban a embarcar camino de la emigración hacia América en el vapor Valbanera. Unos retrasos en la tramitación de la documentación les dejó en tierra. El barco partió sin ellos y el 9 de septiembre se hundió cerca de Cuba por una tormenta tropical. Murieron sus 488 pasajeros. En agradecimiento por haber salvado sus vidas estas familias decidieron comprar la imagen y desde entonces circula por las casas de sus descendientes, como las de Alfredo Martín o Marina Quirantes que la recibieron de su bisabuela Matilde Arcos Martín, una de aquellas emigrantes que salvaron sus vidas.
En Alboloduy, la iniciativa fue del maestro Manuel Matarín y de sus alumnos que en 1987 compraron una capilla de san Roque, patrono del pueblo. Otra iniciativa similar la encontramos en un libro visitas de inspección de la Escuela nº1 de Niñas de Frigiliana. (Málaga), documento que se conserva en el Museo de Terque, que en una anotación de 1959 podemos leer: “Se le felicita por el establecimiento de la visita domiciliaria de Nuestra Señora de Fátima entre las niñas de la escuela...”
Elena Navarro nos cuenta como en Íllar llegaron a circular hasta siete imágenes pero todas las hermandades se perdieron y las capillas terminaron por quedarse en las casas.








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