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jueves, 30 de junio de 2016

La Exposición la Literatura de Kiosco llega a Adra

 Las exposiciones itinerantes de los Museos de Terque siguen su recorrido por la provincia. 


Hoy  día 30 se inauguró en   el Centro Cultural de Adra, la exposición La Literatura de Kiosco









   La novela que se vendía en los pequeños  quioscos,  en la calle. Que se alquilaba o cambiaba en los sitios y comercios más inverosímiles, ocupa un lugar muy relevante en la cultura de nuestro país  en el desarrollo de la lectura como entretenimiento.
También ha sido calificada como Novela  Popular,  y con este calificativo menospreciada  por su escasa calidad.  Es cierto que abundó una  literatura de baja calidad, de entretenimiento dirigida a unas clases populares con escasas exigencias intelectuales, donde atractivos personajes,  la emoción en la tramas o las exóticas localizaciones pesaban más que la construcción de los argumentos y personajes.
No siempre fue así,  pues dentro de la literatura de quiosco hubo colecciones donde se publicaron las mejores novelas y autores  consagrados de la época  y los autores clásicos, como fueron  la Novela Semanal o la Novela Corta.
Las colecciones fueron adquiridas por todas las clases sociales y sexos.  Mientras que la Novela Rosa sería absorbida por el público femenino,  la del Oeste sería  la preferida de los varones.
 Fueron novelas con portadas coloristas e ilustraciones interiores para atraer al comprador. De poca extensión,  60 a 100 páginas,  en papel de mala calidad y  por lo general en formatos reducidos – de ahí nace  su denominación de libros de bolsillo-  y  comercializadas a bajos  precios bajos.
De los folletines o novelas por entregas de principio del siglo XX, se pasó  a las novelas con narraciones completas donde el hilo conductor eran las aventuras de un mismo personaje que daba título a la colección.
En los años 1930 destaca la labor de la Editorial Molino con sus  dos colecciones Biblioteca Oro y Hombres Audaces, con traducciones de autores extranjeros,  con novelas del oeste, policiaca, historicas
La autarquía económica de los años 1940, con la imposibilidad de acceder a obras originales extranjeras, abrirá una oportunidad  en la novela  de quiosco para escritores y periodistas republicanos que tuvieron en ella un medio de subsistencia, como Francisco González Ledesma o Federico Mediante. También  encontraron su hueco autores antes dedicados en estas editoriales a la traducción como José Mallorquí.  Esta circunstancia  producirá una década de oro  de la novela popular española por  la calidad literaria de los escritores como  el almeriense  Enrique Cuenca Grancha y el gusto de sus ilustradores.
Muchos de los  autores escribían  novelas de cualquier género, y se pueden calificar de “Obreros de la pluma.”
La de los años 1950, fue la  fue la de mayor desarrollo editorial, numerosas series de grandes tiradas que absorbían un público lector cada vez mayor.  El declive de la novela popular comienza en los años 1960  con la aparición de nuevos entretenimientos como la televisión.  




En estos momentos otras dos exposiciones itinerantes de los Museos de Terque estan 

en el Museo de Velez Rubio, 
El Juguete Tradicional y Artesano de la provincia de Almería
 en Ugijar la exposición de fotografías. 
Ya no es Ayer. Memoria de la Vida Tradicional.





sábado, 25 de junio de 2016

Ya se puede leer el Boletín Museos de Terque nº 125

EN LA PAGINA WEB  museodeterque.com sección Boletines



EN ESTE  BOLETÍN  ENCONTRAREIS:

* EPÍSTOLAS ILUSTRADAS, CARTAS ANIMADAS CON DIBUJOS. 

* EL SANGRADOR, RELATO INSPIRADO EN LOS NIÑOS DEL HOSPICIO QUE LLEGARON A SER PRACTICANTES DEL HOSPITAL SANTA MARÍA MAGDALENA DE ALMERÍA.

* PALABRAS MORIBUNDAS: ÓBOLO.

* IGUALES PARA HOY: DOS PIEZAS PARA LA HISTORIA DE LA ONCE EN ALMERíA: CARTÓN ANUNCIO Y UN CUPÓN DE 1943. 

* MUSEO DE ESCRITURA POPULAR: TARJETA DE VISITA RESPALDADA, MÁLAGA 1921.REDACCIÓN ESCUELA. ALBANCHEZ 1948.

 * EL TIEMPO DETENIDO UNA FOTOGRAFÍA DE LUBRÍN EN 1950

* DIARIO DE AVISOS. ANUNCIO DE UN PERRO PERDIDO. 1917
                 

martes, 21 de junio de 2016

Adelanto de la Exposición Los Cuadernos de Escuela: Tipos de Libretas

Os invitamos a conocer algunos aspectos de nuestra exposición que se inaugurará el día 2 de Julio a las 20 horas. en la Cueva de San José de Terque. 

Un Cuaderno o Libreta  es conjunto de hojas de papel, impresas o en blanco, unidas con una espiral o dobladas, encajadas o cosidas, que forman un libro delgado y que sirve para anotar cosas.





Los  trabajos de escritura en la escuela del siglo XIX,  se realizaban en   hojas de papel,  que cosidas con hilos o con cordones formaban cuadernos. En la antigua escuela de  aprender  a escribir, leer y contar, los cuadernos dedicados a la caligrafía serán los más frecuentes.

 A finales del XIX editoriales como la de Faustino Paluzie o Calleja, ofrecen cuadernos  caligráficos de diferentes tipos de letra: bastarda, inglesa, redondilla o gótica.  Son corrientes los cuadernos con rayados sistema Iturzaeta. Los cuadernos o libretas  industriales comienzan  a ser ya frecuentes en la escuela y sus contenidos ampliándose, con las primeras décadas del XX.

Con cubiertas  de cartulina  o cartón estampadas,  en su portada  muchas veces, figuraba  la palabra “Cuaderno”, y llevando un espacio para escribir el nombre del  alumno “Para uso de…” del  colegio  o materia.  Detrás, las tablas de multiplicar, sumar, restar y dividir, o el mapa de España.

Marcas como Escolar, Edelvives, Sam, Competidor, Bruño, comercializaron  cuadernos especialmente en formas natural y apaisada, en tamaños de octavo y cuarto.  Con diferentes formas de rayado: horizontal, pauta de dos líneas,  cuadriculadas de diferentes milímetros. Encuadernados con grapas más tarde  se incorporará  los alambres en espiral y en carpetas de anillas.

Las papelerías e imprentas de Almería, comercializaran sus propios cuadernos, como la  Papelería del Ferrocarril de Isidro García Sempere o La Papelería Inglesa.  La Papelería Valero, el Kiosco Avenida.  Los colegios privados de Almería como el Colegio La Salle, el Stella Maris o el Milagro,  utilizaran cuadernos propios con su nombre.















lunes, 13 de junio de 2016

Nueva Exposición Los Cuadernos de Escuela


El Museo de la Escritura Popular de Terque  presenta  su nueva exposición temporal de producción propia:  Los Cuadernos de Escuela. 

El Museo conserva entre sus fondos una colección de más de 500 cuadernos escolares de niños de la provincia  de Almería y de otras provincias españolas, con una  cronología  que abarca desde 1895  a 1980.


En la exposición se hace un recorrido por las diferentes  tipologías  de cuadernos o libretas: cuadernos oficiales como los de preparación de lecciones o los de visita de inspección, los cuadernos de rotación, los cuadernos personales, cuadernos  de caligrafía, de vacaciones, de labores o los de Navidad.  Sus fabricantes  industriales nacionales y de Almería.  

Se analizan los contenidos curriculares, y aspectos, como  la vida cotidiana  plasmada en los cuadernos o  los valores morales  y políticos trasmitidos en ellos.


Se presta especial atención a  los cuadernos de dos periodos destaca
dos de nuestra historia: los cuadernos de la escuela de la República y los cuadernos de la escuela Franquista.


Los cuadernos de escuela, son materiales de la cultura y la historia escolar. Son  testimonios de los diferentes modelos de enseñanza, de los conocimientos aprendidos y los métodos utilizados. Muestra de la vida social y política, y  fotografía de  la vida cotidiana  los niños.

 

Se inaugurará el sábado 2 de Julio a las 20 horas, con un taller de lectura de fragmentos de los cuadernos. Estáis todos invitados 































Cuaderno de trabajos de curso, del niño de 12 años  José Ángel Rodríguez Merino. Los Molinos. Sorbas 1937-1938
El cuaderno esta realizado entre 1937 y 1938  en la Escuela de la  pedanía de los Molinos (Sorbas)  Este cuaderno  es de tapas duras de  180 páginas con  hojas de  rayado ancho. En su primera página lo rotula como “Trabajos de curso de J. A. R.M.”


“Educación social.
1era. Regla de conducta. Pondré mis esfuerzos al servicio de los demás para crear entre todos una sociedad más feliz que la actual.”

.
“Composición
La escuela
“Yo asisto a la Escuela de  los Molinos (Sorbas). Las  Escuelas sirven para instruir, enseñar y educar a los niños y niñas. Los niños que asisten a la Escuela se llaman discípulos o escolares, y el que enseña a los niños se llama maestro o maestra. En todos los sitios o sea en todos los pueblos y cortijadas por muy pequeñas que sean nunca debe de faltar una Escuela con un maestro o maestra. En la Escuela   se enseña Geometría, Aritmética, Historia de España, etc. El niño que no asista a la escuela será un desgraciado. Debemos ir a la escuela con interés. En la Escuela que yo asisto hay 4 banquillos, 8 pupitres de 2 asientos 1 sillón y 1 mesa para el maestro y 2 encerados para hacer ejercicios prácticos. Hay muchos trabajos manuales realizados por el maestro y los discípulos, también hay muchos dibujos. Hay un cuadro de la Proclamación de la República” y un pequeño retrato del celebre sabio Santiago Ramón y Cajal, y varias postales de vistas y monumentos de  la capital de Valencia.
José Ángel Rodríguez Merino.

“Composición
Mis hermanos
Yo tengo dos hermanos y conmigo como es natural somos tres, el mayor se llama Antonio, una hermana que se llama María Josefa y yo que soy el menor me llamo José pero por costumbre me llaman Pepito.
El mayor osea Antonio tiene 23 años y Maria J. 20 y yo 12. Todos nos queremos mucho como es natural y para mi son muy buenos los dos.
Con motivo de la guerra, mi hermano, por ser de la quinta del 35 lo movilizaron siendo Maestro Nacional en la Estación de Santa Fe, siendo ahora cabo de las oficinas de mayoría en el Batallón de retaguardia nº 10 en Almería.
Entre hermanos se debe de tener muchísimo cariño y respeto, pues el niño que mira con desprecio a su hermano, despreciado de él, pues puede ser que algún día se acuerde de su hermano y se arrepienta de lo mal que se portó con él. Cuando dos hermanos se disgustan ¿verdad que enseguida están unidos otra vez? Eso demuestra que dos hermanos tienen que estar unidos por el cariño. Debemos querer mucho a nuestro hermanos, y cuando son mayores que nosotros, respectadlos y si son menores quererlos y tenerles lastima.”
  
“Composición
Construcción de una casa
“Una casa se construye de la siguiente manera: se juntan los albañiles y el arquitecto que es el que tiene que dirigir la obra. Ya que esta señalado el plano de la casa, los obreros con picos y azadones hacen una zanja y con peñones y arena, yeso y cal hacen masas o mezclas con que van uniendo las piedras y van formando los cimientos y paredes. Cuando las paredes son altas y los albañiles no alcanzan con las manos, construyen andamios que los hacen con palos hincados en la tierra y luego otros atravesados y se suben los albañiles y siguen su marcha. Los albañiles visten casi todos de blanco. En las paredes dejan huecos para ventanas. Por dentro de la obra hacen divisiones que son las paredes.
Esto es lo que yo puedo definir de “una casa en construcción” ya que no soy albañil ni arquitecto.”
“Sñor Director del Instituto Nacional de 2ª Enseñanza de Almería
José Rodríguez Merino, natural de Huercal de Almería de 13 años de edad a V.S. respetuosamente hace presente: Que deseando verificar el examen de ingreso en ese centro de su digna dirección y reuniendo las condiciones exigidas, las cuales acredita con los documentos que acompaña.
Suplica a V.S. se digue admitirle a las pruebas de dicho examen en la próxima convocatoria de enero.
Es gracia que espera merecer de V.S. cuya vida se prolongue por muchos años para bien de la República.
Sorbas 29 Noviembre de 1938.   José Rodríguez  Merino

“Oficio
Tengo el honor a V. que según su oficio fecha 15 del actual se ha verificado la vacunación y revacunación de este vecindario según lo dispuesto por la Inspección Provincial de Sanidad habiendo sobrado 2 tubos de vacuna que pongo a su disposición.
Lo que participo a V. a los efectos procedentes.
Los Molinos (Sorbas) 30 Noviembre 1938.
El Alcalde Pedaneo  José Rodríguez Merino
Sr. Inspector Municipal de Sanidad de Sorbas”

“Carta
Los Molinos 18  de Noviembre del 1937
                Francisco Merino Avila. Bailen. Avila
Queridismo primo. Salud te deseo para cuando recibas esta en compañía de los titos y primos.
Esta es para decirte que ayer recibi tu carta en la que me dio mucha alegría al leer que estás tan agusto en ese Bailén pasando esa temporada con el tito Alfonso y familia. Sin más por hoy recuerdos a los titos y tu recibe un afectuoso abrazo de tu primo. José Rodríguez  Merino.”



miércoles, 8 de junio de 2016

La Muñeca que vino de California


Rosa Pérez Muñoz de Lubrín  nos ha donado  esta semana  uno de sus recuerdos personales más queridos, su muñeca. 

Ella misma nos cuenta su historia a través de una fotografía. 

Cada objeto tiene una historia que en la mayoría de las veces queda muda y olvidada para siempre. Hay algunas veces, extraordinarias, que su memoria nos llega de la mano de las personas que los han vivido, utilizado o apreciado. Este es uno de esos casos.  

¡Muchas gracias Rosa! 












La autentica protagonista es la muñeca  aunque en realidad somos tres: La muñeca, el billete de dos pesetas que llevo en la otra mano  y  yo. El billete es la asignación semanal que me daba mi compadre ”José Rico” y que tras darle un beso, él me entregaba , por lo que esta misión yo nunca la olvidaba  en domingos y festivos.
La muñeca de novia” llegó desde California a Lubrín en 1955 , enviada por unos familiares de mi madre que emigraron a allí  y que con asiduidad me mandaban  paquetes postales con ropa de mis primos y otros enseres.
Mis amigas y yo esperábamos con ansia la llegada del correo para ver que contenía este nuevo paquete .Ese día, todas las chiquillas asistimos a la apertura del miso y llego como caída del cielo aquella bonita muñeca.
Iba vestida de novia, su carita estaba hecha de una goma preciosa que parecía autentica piel rosada, su cuerpo era de un material resistente y suave parecido al mismo del que estaban hechas las “Mariquita Pérez “ ,pero lo mas sorprendente era que ¡esta muñeca andaba! Venia provista de un mecanismo interior basado en un sistema de gomas cruzadas, que al mover el brazo izquierdo hacia arriba, dándole la mano como para caminar …ella andaba.
Mi madre en aquel momento considero que aquel milagro de ingeniería no debía estropearse y decidió que el resto de sus días lo pasaría en el ropero de mi cuarto, y así fue aunque acompaño muchos momentos de mi vida.
El día que mi madre estaba de buenas y lo consideraba oportuno, nos reuníamos en mi casa todas las amigas y nos la enseñaba nuevamente , para lo que teníamos que disponernos alrededor de la mesa de camilla y con las manos en la espalda , así resistiriamos la tentación de tocarla .Daba unos paseos cogida de la mano de mi madre , a nosotras se nos caía la baba y  ….!de vuelta al ropero¡
Otra de sus salidas era cuando yo estaba enferma.  Esta se colocaba a los pies de mi cama sentada o en una silla hasta que pasaba el tiempo de admirarla y ….!al ropero ¡
Para las fotografías era otro de los momentos en que se hacía imprescindible su presencia como se constata en esta y en otras.

De esta manera la muñeca fue soportando el devenir del tiempo y yo me fui acostumbrando a no jugar con ella , pero su existencia me hacía muy feliz , con ella soñaba , con ella imaginaba y con ella sentía que un día yo seria una novia igual de guapa .

Las fotos estan hechas por “el Paco Ortega” fotógrafo de Lubrín, muy querido y conocido por todos,en la puerta del médico, por el callejón.

Texto Rosa Pérez Muñoz





La tienda de “la Joaquina del suico” en Lubrín.


La historia de esta fotografía empieza en Lubrín, allá por el año 1956-57 más o menos, cuando mi madre llamó al fotógrafo del pueblo, Paco Ortega, para que nos retratara y enviarle esta fotografía a mi padre que se encontraba emigrado en Francia y donde estuvo hasta su jubilación. Él tuvo que emigrar debido a una de tantas crisis –que al igual que ahora– estábamos atravesando.
            Mis recuerdos arrancan en esa época. Tras la marcha de mi padre a Francia, mi madre y yo nos quedamos en el pueblo viviendo en una casa pequeña de la que apenas me acuerdo. Al emigrar mi padre y empezar a mandarnos dinero, compramos la casa donde estaba albergada la tienda que luego regentaríamos. Esta casa era conocida como “La casa de la Patrona” y está ubicada en Lubrín, en la calle Almería número 11, a la entrada del pueblo. La situación de la casa era muy buena porque su enclave era ideal para las ventas, y el pueblo vivía entonces del comercio que generaban las muchas personas que habían venido a trabajar en las explotaciones de las minas de hierro y que se habían establecido allí. Las familias de los mineros compraban muchos productos básicos para poder arreglar el cesto y hacer el puchero, con lo que la venta de embutidos, tocino, legumbres, vinos y licores, era una gran fuente de ingresos.
            Mi madre –la Joaquina del suico– era una mujer valiente, emprendedora y decidida, además de muy resuelta. El apodo lo tomó de mi padre, conocido por todos como "el suico", porque un primo suyo, al no poder decirle "juansalvadorcico" acabó abreviando en "suico", y así quedó para siempre. Tal es así que, cuando yo bajaba al pueblo con mis hijos muchos años después y les preguntaban que de quién eran, ellos respondían: "yo soy la hija de la Rosita de la Joaquina del suico".
            Cuando mi madre compró la casa lo hizo con una doble intención: tendríamos una casa más grande en un buen sitio y una tienda de comestibles situada a la entrada del pueblo por donde todo el mundo pasaba y la circulación de bestias, personas y camiones no paraba en todo el día.
            Al trasladarnos a la casa, la tienda estaba cerrada porque su propietaria, “La Patrona” (ya de cierta edad y conocida así porque había regentado una casa de huéspedes), no hacía uso de ella. Así, después de hacer una profunda limpieza y blanquear el local –para lo que tuvimos que llamar a Juan Cayetano, que era el blanqueador oficial del pueblo, y quien realizó una exhaustiva desinfección de roedores e insectos rastreros–, mi madre puso la tienda en funcionamiento llenándola de productos que compraba en la tienda de Cecilio y en el RAGAMAR.
            La tienda de Cecilio era una tienda normal pero con un inmenso almacén que hacía las veces de mayorista. El otro proveedor era el RAGAMAR (siglas de Ramos, Gallardo y Martínez,  que eran los nombres de los socios de la empresa). Recuerdo que en la fachada de estos almacenes se podía leer “Almacén de coloniales y bebida RAGAMAR”. Cada vez que pasábamos por la puerta siendo niñas, lo leíamos y se entablaba el debate: ¿Qué quería decir coloniales? Seguramente significaba que vendían colonia, y así entre las opiniones de unas y otras, volvía a quedar sin solución. Más tarde, cuando vinimos a Almería a estudiar, supimos que coloniales eran productos que venían de las colonias, pero allí estábamos demasiado lejos para saberlo, así como tampoco habíamos oído decir la palabra “ultramarinos”.

            Siguiendo con la tienda, la habitación donde se ubicaba estaba a pie de calle, a orilla de carretera. Frente al mostrador que se ve en la fotografía, estaba la puerta, siempre abierta, con la cortina puesta para evitar que entraran las moscas.
              A la derecha, una ventana con su geranio; a la izquierda una puerta "sin puerta", es decir, de acceso a lo que era la bajada de escalera para el otro piso, donde mi madre tenía una pequeña cocina con un infiernillo de petróleo, una cantarera y una fresquera colgada en el tiro de escalera, y allí estaban en el suelo las damajuanas de vino, aguardiente y vinagre, que se vendían  sueltas por litros, medios y cuartos.
            Junto a la ventana, en ese extremo de la habitación, había dos sillones de mimbre y una mesa de camilla, para que la gente esperara cómoda y echara el rato cuando iba a comprar. Este rincón hacía esquina con la puerta de mi cuarto. En la pared frente a la ventana y en línea con la puerta había solo un almanaque que siempre recuerdo por su anuncio “Palomino y Vergara S.A.” y con anterioridad hubo otro de “Nueva Montaña Quijano”.
            Detrás de la puerta de entrada y debajo del almanaque, se alineaban los sacos de cáñamo con el arroz, los garbanzos, las habichuelas y el azúcar (que venía en terrones enormes). Como el producto llegaba a granel, mi madre lo despachaba en un papel o un cartucho de estraza que pesaba en una balanza tradicional de dos platos de cobre que brillaban como el oro.

            Una vez que tenemos más o menos en mente la distribución del espacio, describiré el mobiliario de la tienda y sus productos. No quiero extenderme mucho pero, al hablar de ello, los recuerdos y anécdotas acuden en tropel a mi mente.
            Tanto el mostrador como la estantería estaban pintados de marrón para que la madera no sufriera deterioro y para que diera esa sensación de limpieza que a mi madre tanto le gustaba (todo fue fregado con sosa antes de pintarlo y así quedó estupendo). La parte superior del mostrador estaba cubierta con un mármol blanco, que volvió a serlo después de tiempo, gracias a mi madre que era más limpia que un jaspe y consiguió que reluciera como el sol.
            Encima del mostrador estaba la vitrina, como la llamaríamos ahora, pues antes era la fresquera, pero mi madre, persona creativa e imaginativa hasta el extremo, la llamaba “la carpeta”, ya que al cerrarse te recordaba a las carpetas donde guardábamos los documentos con su solapa y todo. En la carpeta estaban los productos delicados que había que proteger del aire, el calor y las moscas. Allí estaba la carne de membrillo, el queso, los embutidos (si los había), los higos, etc. Este artilugio cumplía una doble finalidad: proteger los productos y mostrarlos al público, ya que algunos eran de venta ocasional.
            En el centro de la estantería colocábamos los botes de caramelos, los cuales aún conservo en mi casa actual. Había dos grandes y dos más pequeños. En los grandes estaban exclusivamente los caramelos y en los pequeños las carterillas de azafrán y otros productos delicados. Detrás de la carpeta, en un pequeño hueco, se ponían los melones de invierno, lo que me hace recordar que en mi pueblo los melones se clasificaban  en “de invierno”, “de olor” y “de agua” (sandia).
            Encima de la carpeta, sujeta a la pared, había una pequeña leja para los botes de colonia y brillantina, y las probetas para medir.
            Junto a la leja de la colonia, se localizaba la caja de galletas María, las de toda la vida, las que se vendían por cuartos de kilo, incluso sueltas, y junto a las galletas, todas las marcas de chocolate que llegaban hasta mi pueblo: Chocolate Kitin Nogueroles, Elgorriaga, La Mezquita, Dolca… ya que éste era un alimento muy usado y la base de la merienda en casi todas las casas que tenían medios: un trozo de pan y una onza de chocolate. Los bocadillos aún no habían llegado a mi pueblo, pero me acuerdo que siempre comíamos el pan con chorizo, morcilla, chocolate, tocino, aceite y azúcar, y en épocas de matanza o menos abundancia, con “pringue”, que es una manteca que se obtenía en la matanza y podía ser blanca si provenía del relleno o roja si venía de la morcilla.

            En el estante central superior, otra caja de galletas, las Gullón, y unas cuantas latas de sardinas y de atún en conserva. Colgadas en la púa de la columna, las morcillas que habían de secarse o si estaban ya secas dejarlas para que se siguieran oreando y poder ponerlas en aceite.
            Encima del chocolate estaba la leche condensada La Lechera y junto a ella las pastillas de jabón que había de varias clases: las de tocador, pequeñas y envueltas en su estuche, Maderas de Oriente, y Heno de Pravia, las más conocidas; y para la ropa, el jabón Lagarto, el más vendido, aunque la competencia hizo otra marca de jabón sin marca que llamábamos “de azulete”, ya que le habían añadido dicho producto y además… ¡sorpresa!, en su interior al ir gastándose te encontrabas con una moneda de céntimos o la más grande, de una peseta. Esta cualidad hizo que este jabón tuviera mucha demanda y casi hiciera la competencia al Lagarto.
           
            En la última parte de la estantería, junto a la maceta, estaban los paquetitos de azulete para blanquear la ropa y los primeros detergentes en polvo… ¡Milagro! ¡Llegó el TUTÚ y el LAVASOL! El Tutú era un paquetito cuadrado y pequeño que cuando lo abrías y entraba en contacto con la humedad se apelmazaba como una roca, pero te ahorraba el trabajo de restregar la ropa, y con muchos meneos y esfuerzo, salía un poco de espuma y limpiaba. El Lavasol estaba ya más conseguido y no se apelmazaba tanto y además, al igual que el jabón de azulete, traía premio: un animalito de plástico, que se coleccionaba para ir completando un pequeño zoo. Aún recuerdo el olor del plástico de la figura, junto con las imperfecciones de la misma, pero hace 50 años, los que teníamos la suerte de conseguir que nuestras madres compraran Lavasol y obtener así una figurita (jirafa, hipopótamo, rinoceronte o mono), éramos unos privilegiados.
           
            Como ya he dicho, mi madre era una mujer emprendedora, además de creativa e inteligente, y siempre procuraba tener en su negocio productos que no se pudieran encontrar en otros comercios, y de este modo procuraba atraer más al personal y aumentar las ventas. De hecho, las dos grandes fuentes de ventas por aquél entonces fueron la calabaza (la de verrugas) y los cañamones. Estos productos merecen una especial atención porque, siendo muy baratos en origen, la forma de venderlos fue tan buena que dejaban bastante dinero y se llegaron a convertir en la exclusividad de la Joaquina del suico.
            Curiosamente la calabaza se vendía en gajos como la naranja, siendo su tamaño proporcional al precio (desde dos reales hasta un duro, se podía pedir). Esta particularidad era muy interesante porque mi madre tenía una horquilla amplia donde moverse, y todo sin peso ni medida, solo el buen ojo y calibre de la Joaquina, que a veces te regalaba un cachito si ella comprendía que se había excedido en su beneficio. Nadie abría una calabaza entera en casa para hacer un potaje y mi madre ofreció la posibilidad de comprar el trocito que necesitabas para el día, y eso fue toda una novedad.
            La agudeza para los negocios de mi madre se consolidó cuando ingenió comprar cañamones. Este producto se utilizaba para dar de comer a los pájaros y era barato en su esencia ya que venía en enormes sacos. Previamente a su venta, los cañamones eran puestos en aguasal la noche anterior y al día siguiente nos tocaba tostarlos en una enorme sartén, la de las matanzas. Se tostaba en la lumbre, removiendo constantemente para que no se quemaran pues no debían pasarse y tener su punto justo para que el sabor enganchara y no supieran a quemado. Cuando se enfriaban, mi madre y yo procedíamos al envasado (con anterioridad yo había estado haciendo cartuchos en forma de cono y del tamaño adecuado para que fueran rentables). Una vez llenos los cartuchos, se colocaban primorosamente en una espuerta de cáñamo, con la base llena de cañamones sueltos y los cartuchos hincados en éstos para que se mantuvieran rectos. Cuando se terminaban los envasados, los volvíamos a llenar, ya que en la espuerta había más cartuchos vacíos y también estaba la medida exacta, un vasito pequeño de cristal.
En las tardes de verano, a la hora del paseo, cuando la gente del pueblo salía a caminar por la carretera, allí estaba yo, en la puerta de la tienda, sentada con mi espuerta de cañamones listos para deleitar. Esto fue un magnifico invento y la recaudación también muy importante.

            La tienda funcionó unos años, hasta 1962, pues al venir yo a estudiar a Almería y mi madre quedar sola en el pueblo, decidió marchar a Francia con mi padre y trabajar para mantener el patrimonio y mandar dinero para que yo pudiera ser maestra. Así, casa y tienda permanecieron cerradas a partir de entonces.
            Mis padres vivían en Francia todo el año y yo volvía al pueblo en vacaciones de Semana Santa y Navidad a casa de mis tíos, y en verano me iba con ellos a Francia y al terminar el período estival, otra vez de vuelta sola.
            Podría estar contando y contando mucho tiempo y como en un gran tejido, un recuerdo me llevaría a otro y otro a otro… y así hasta concluir que fui muy feliz, que era un tiempo distinto, pero lleno de magia, de cosas por descubrir, de esfuerzo, de colaboración y de tantos valores, que merece la pena ser recordado.

            Esos recuerdos se fueron instalando en la trastienda de mi corazón y hoy acuden a mi memoria, todos unidos y con la misma fuerza e intensidad que entonces. Por ello agradezco enormemente la oportunidad de compartir esta fotografía –este trocito de mí– y poder describirla para intentar trasladarnos en el tiempo y revivirlo con el mismo cariño que este instante me trae hasta aquí.

Texto Rosa Pérez Muñoz



domingo, 5 de junio de 2016

Esta semana una de las donaciones más importante del año

Importantísima donación de la familia Pérez Gallardo de Almería. Tras ponerse en contacto con los responsables de los Museos, nos trasladamos a la calle Quemadero de Almería, con la grata sorpresa de encontrarnos con una  de las donaciones  más importantes del  año 2016.







Mobiliario, vestimenta, revistas, fotografías que pasamos a enumerar de forma abreviada

Entre el mobiliario y enseres de la casa, destacamos un Baúl, camas, silla, platero, mesa, estante, devanadera, telar, tabla de cortar la costura, una  preciosa vajilla, caña con hule, escoba con una larga caña para quitar telarañas.

Vestimenta: ropa interior femenina,  camisones, colchas, mantones, garrota, bolsos de mujer, camisas...

Revistas  ilustradas nacionales  y prensa  diaria de Almería: La Independencia, Yugo, La Voz de Almería, Pax,  Hoja Parroquial. (1930-1970)

Libros copiadores de cartas y bolsas paquetes del comercio  de ultramarinos  La Providencia de su antepasado Leovigildo Pérez Martínez, 1916. Acciones de las Minas Auríferas en Rodalquilar. Fotografías del fotógrafo Mateos de Almería. 1918.

Libros escolares, cuadernos y mapas de escuela,  libros religiosos,  anuarios del Colegio La Salle de Almería, libro  de mecanografía.


 Y muchas más maravillosas piezas que pasan a enriquecer  nuestras exposiciones y colecciones y archivos … Muchas gracias a la familia Pérez Gallardo por  su donación.








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